MANUEL CALVO PERLES, relato de un veterano malagueño

  • *Foro Amigos del Arbitraje – Málaga 3 de agosto 2019

  JOAQUIN PALMEROLA / ÁNGEL LÓPEZ RUBIO

Manuel Calvo Perles, Málaga, 1940.  Casado, dos hijos. Infancia y primera juventud en el Paseo de Reding, justo enfrente a la plaza de toros de La Malagueta. Primeros años lectivos en el Colegio del Ave María, del Pasillo de Natera. Las circunstancias le obligan a trabajar desde muy niño por lo que abandona los estudios a los diez años. A partir de ahí, reparte leche a pie y en bicicleta por las zonas de El Limonar y Miramar.

Pronto lo fichan para ejercer de botones en el Aero Club de Málaga, situado en aquellos años en la céntrica calle Martínez. Luego lo contratan como ayudante en el Café Los Valle, del Pasaje Chinitas. De ahí a Bodegas Quitapenas, con recorrido por varias sucursales que la emblemática entidad tiene distribuidas por toda la ciudad.

Con semejante trayectoria inicial y el buen ejemplo heredado de sus mayores para moverse por el mundo, aprende a leer en la cara de las gentes y mantiene un talante abierto en el desempeño de todos esos trabajos.  Hasta que le llega la etapa del servicio militar del que se libra por ser hijo de padre sexagenario. Estamos en 1960 cuando Málaga todavía cuenta con una estupenda red de tranvías que cruza la ciudad de este a oeste, además de circunvalar la zona norte por Capuchinos y La Victoria.

Es entonces cuando Manuel Calvo, a sus veinte años, accede a la Empresa Municipal de Transportes en la que alterna faenas sobre los ya veteranos tranvías que habían llegado a Málaga en 1907. Unos días como conductor y otros como cobrador. Tareas que no estaban unificadas como ahora y cada una de ellas iba por separado. En 1961 desaparecen los tranvías y se enrola en la flota de autobuses con idéntico cometido durante dos décadas. Hasta que en 1979 accede a la convocatoria de inspectores de la red y logra un puesto en el que permanece hasta 2001 en que se jubila, tras más de cuarenta años de ejercicio profesional.

Estamos en casa del protagonista, amigo y compañero del colegio de árbitros desde hace más de cincuenta años. Nos acompaña Ángel López Rubio, veterano de la organización. Es un plácido mediodía malagueño y el anfitrión tiene a bien obsequiarnos con unos vinos de esos que se reservan para ocasiones importantes, junto a una amplia gama de platos. Complementos que a esa hora el paladar recibe con verdaderos signos de algarabía.

Y en esa escena lúdica y amistosa, iniciamos una conversación distendida, que teníamos pendiente con el más veterano de los árbitros malagueños. La razón, recordar algo de esa esencia que atesora el mundillo arbitral y conocer un poco más a este personaje, querido y respetado por cuantos le han tratado. Un árbitro consumado en las difíciles categorías de ámbito regional y muy destacado auxiliar en segunda y primera división.

¿Quién es Manolo Calvo?

-Manolo Calvo es una persona que probó eso de ser árbitro y se envenenó con el arbitraje. Aparte de mi trabajo, que han sido muchos años de ejercicio, el arbitraje forma parte de mi vida de forma muy intensa y especial.

-¿Tanto te marcó?

-Tanto no, mucho más.

¿Con que edad entraste exactamente en el colegio?

Con 25. La sede estaba entonces en la calle San Telmo.

-Así que conociste a Pedro Antúnez, Ricardo de la Torre, Cristóbal Morales…

 -Sí, Pedro Antúnez era el que llevaba la secretaria.

-¿Qué percibiste de especial al entrar en el colegio de árbitros?

Que las personas que allí se movían merecían mucho la pena. Convivir con ellas me pareció siempre un privilegio.

-El mundo del arbitraje enseña y es una escuela de vida, es cierto. No es fácil abandonar.

-Me costó muchísimo desconectar. Tardé en hacerlo porque después estuve en el tema de los informadores. Pero cuando tomé la decisión de dejarlo fue difícil y ahora todavía tengo el mono. Pero bueno ahí queda eso.

 

-¿Calculas en cuantos partidos habrás intervenido como árbitro y juez de línea?

-No lo tengo controlado. Pero han sido 25 años y fueron muchos los partidos.

-¿Conociste todos los campos de la provincia?

-Si de la provincia y de España la mayoría de ellos en primera y segunda.

-¿Cuál es el mejor recuerdo que conservas de tu etapa arbitral ?

-El haber entrado en el colegio.  Puedo decir que de muchos compañeros del colegio de árbitros siempre he aprendido. Guardo cosas importantes que me han enseñado, útiles para la vida, gracias a la convivencia que he compartido con ellos. Para mí, ha sido todo bueno, tanto a nivel de compañeros en el arbitraje como en la unidad de directiva. Todo de diez.

-¿Se equivocan mucho los árbitros?

-Cuando el árbitro se equivoca es porque se ha equivocado, lo mismo que cualquiera puede hacerlo en tantos aspectos de la vida. El árbitro sabemos que prefiere finalizar el partido y que nadie se acuerde de él.  Pero claro, eso no se consigue siempre, el arbitraje es muy difícil y el árbitro se ve en muchos momentos solo. Esto funciona así.

 

-La parte técnica es decisiva para formar a un buen árbitro. ¿En tus tiempos se cuidaba ese detalle?

-Hace ya muchos años que me desconecté del colegio, actualmente no tengo juicio de valor para un análisis de lo que me estas preguntando. En mi época, tuve la suerte de vivir esto desde los tiempos de los 60 y la parte técnica se cuidaba. Tuvimos cuatro árbitros en primera división y creo que eso no se va repetir fácilmente.

-¿Quiénes daban clases en Málaga sobre la teoría y  práctica del arbitraje, con la necesaria pizarra?

-Recuerdo que me daban clases Alfaya, Cristóbal Morales, Pepe González y algún que otro más, pero fundamentalmente recuerdo a estos tres o cuatro. Cristóbal Morales fue precisamente con el que debuté de juez de línea en un trofeo Costa del Sol en Marbella. Obtuve una gran amistad con él y lo recuerdo muchísimo.

-¿Económicamente la profesión de árbitro en tus tiempos en activo estaba bien recompensada?

-He tenido la mala suerte de no haber ganado dinero en el arbitraje, esa es la verdad. No sé cómo me las arreglaba que cuando iba a arbitrar, al regreso siempre tenía que ponerle dinero, no lo recogía. Yo creo que ahora es distinto… (risas)

-¿El mejor arbitro que has conocido?

-Esa pregunta si me tengo que referir a Málaga, me pones en un compromiso.

-¿Y de fuera de Málaga ya que no te quieres mojar con tus amigos queridos de Málaga?

-Hay buenos árbitros que recuerdo de mi época. Me gustó mucho el mallorquín Rigo y Sánchez Ibáñez. Emilio Guruceta que vamos a decir de él, eso está cantado y bueno muchos más.

-Hacemos memoria de un Costa del Sol de los años sesenta, con una final muy broncosa en la que intervenía un equipo sudamericano y dirigió un árbitro portugués. Aquel hombre hizo de verdad la mayor proeza que hayamos visto sobre un terreno de juego. Defendió con autoridad el juego, expulsó a quienes lo merecieron y puso orden en aquel infierno. Era un tipo alto con el pelo canoso. Se impuso en el campo de manera magistral y sacó el partido adelante como un auténtico maestro.

-Del nombre no me acuerdo, pero si recuerdo aquel partido porque también lo presencié en directo.

 

Ángel López Rubio interviene :

-Al decir Manolo lo de Sánchez Ibáñez, una anécdota que viví con él es que en un torneo de estos de verano que se celebró en Badajoz, pitaba Martín Navarrete y a modo de linier López Nieto y yo. Fue un viaje maravilloso porque pitaba el primer partido y salvo que nada en el primer partido hubiera ido mal, dos días después pitaba la final. Entonces del viernes al domingo nos fuimos a Portugal, estuvimos en Estoril, en Cascais, Martín Navarrete, López Nieto y yo. Pasamos unos días magníficos. En la final, que era Atlético de Madrid contra un equipo brasileño, al terminar el partido vino un señor y se puso como a recriminarme algo y yo pase olímpicamente.

 Cuando este hombre se marchó, me dice Martin, pero Ángel no sabes quién es este hombre que ha estado aquí y te ha dicho eso, y yo le dije que no sabía quién era y me comunicó que era Pablo Sánchez Ibáñez, el número uno del primer FIFA.

 

-Manolo, salir en primera división como auxiliar, tantas veces como lo has hecho, una autentica pasada…

-Claro, es emocionante y respiras seguridad pese a lo que pueda pensarse. En primera división antes y ahora te pueden meter, pero tienes la tranquilidad de que acercarse a ti no se pueden acercar fácilmente 

-Los viajes del trío arbitral siempre aportan un rico anecdotario

Puedo recordar un viaje en el año setenta o setenta y poco, cuando en el colegio no había muchos coches, me compré un 600 y Pepe González iba a arbitrar un partido de copa a Puertollano. Nosotros en ese tiempo siempre buscábamos a alguien que nos llevara, y como yo me había comprado el coche nos fuimos en él. Pepe tenía la reserva del hotel en Puertollano. Nada más salir, en los montes para arriba pinchamos una vez. Cambiamos la goma y cuando llegábamos a Bailén pinchamos de nuevo. Arreglamos la goma en Bailén y tras recorrer otros setenta u ochenta kilómetros pinchamos otra vez.

Tras tantas peripecias, cuando llegamos a Puertollano el hotel ya había dado nuestra reserva y no teníamos habitación. Empezamos a dar vueltas, eran las cuatro de la mañana, y llegamos a una pensión, preguntando. Salió un hombre a las cinco de la mañana en pijama y nos metió en una habitación que tenía muy pequeña y ahí dormimos los tres. Al día siguiente comprobamos el tema y era que el 600 tenía la goma un poquito cortada interiormente y eso era el origen de que pinchara la goma. La verdad que esto no se me olvidara nunca, por poco no llegamos al partido.

-¿En categorías inferiores pasaste malos ratos en algún campo?

-En Montecorto, un pueblecito de Ronda, en un partido de juveniles, lo pase mal. También en una final del trofeo famoso que había, Provincial Costa del Sol, un Vitoriana – Churriana. Ah y en un partido en El Palo, que tuvieron que llamar a un piquete de la policía para que me sacaran de allí. Era un Palo – Atlético Malagueño. El Palo si perdía descendía y el Atlético Malagueño si ganaba se clasificaba para la liguilla, y ganó el Atlético Malagueño.

Le tuve que echar dos jugadores al Palo, así que os podéis imaginar la que se formó. En el descanso entró un comisario de policía  y me dijo:  “Usted tranquilo, que  cuando termine el partido tiene aquí un piquete de policía nacional y no lo van a tocar”.

Y efectivamente, cuando terminé tenia allí dos o tres furgones de la Policía Nacional. Estos son los tres partidos que he tenido así más complicados. Tocarme he tenido la suerte de que no me han tocado.

-Has salido como auxiliar con todos los árbitros malagueños de primera. 

-Con López Nieto no, porque el año que ascendió dejé el arbitraje. Estuve con él en Segunda. Salí con Navarrete Antiñolo, Martín Navarrete y Eduardo Villena.

-La primera cualidad o condición que debe tener un árbitro, ¿consideras que es valentía, conocimientos técnicos, agilidad física?

-Fundamentalmente el conocimiento técnico es lo más importante. No puedes hacer una cosa cuando la situación verdaderamente exige otra, eso es muy peligroso. Creo que el conocimiento técnico es la base de un buen árbitro. Y el físico prácticamente igual.

Ángel López Rubio:

– Al ver la foto de ahí, de tu sobrino Jesús Calvo Guadamuro con el rey Juan Carlos, te sentirás orgulloso de dónde ha llegado tu sobrino.

-Sí, porque no sé si sabréis que Jesús con 14 o 15 años entró al Colegio de árbitros y precisamente el que lo llevé fui yo. Ha dado la coincidencia que ha llegado y es todo un orgullo.

 

-Manolo, has llegado a los ochenta años, una cifra redonda. Aparentemente tu aspecto es de una persona con mucha menos edad. La vida te ha debido tratar muy bien.

-La verdad es que me sigo reuniendo con personas que tienen veinte años menos que yo.  No sé cómo me las he arreglado, pero toda mi vida me ha pasado igual. Ahora mismo si tengo una reunión, de mi edad hay muy poca gente, todos tienen quince o veinte años menos. Me siento muy orgulloso de que este tipo de gente me siga aceptando con esa diferencia de edad

-¿Cuál ha sido tu lema para andar por este mundo?

-Me gusta mucho el cachondeo. El que me conoce bien y ha salido algo conmigo, sabe que hay que tener mucho cuidado porque yo me río hasta de mi sombra. En las reuniones, si no pones la chispita de humor, tú me dirás. Cuatro horas reunidos mirándose los unos a los otros. Pero al mismo tiempo, tienes que mostrarte una persona seria, en todos los aspectos. Aunque hay una cosa muy clara: tú puedes tener más suerte o menos, pero en la vida lo que tú siembras, recoges.

-¿Te has aferrado a algún tipo de ideología, desde el punto de vista espiritual, alguna religión especialmente o has vivido más independiente de todo eso?

-Cuando tengo que ir a la iglesia voy sin ningún problema. Lo que no soy es practicante habitual. Pero no esquivo el tema de arrimarme a ningún tipo de religión.

-Con el bagaje suficiente y la experiencia que te ha dado esta larga andadura, ¿crees en el ser humano?

-Pienso que la mayoría de las gentes son buenas. Y si tu no vas por la vida creyendo en la gente y en las cosas, es complicado. Creo en la gente y en las cosas y pienso que la gente se tiene que equivocar. Ya con los años ves si una persona, al tercer error, es un poco intencionado o no. Los dos primeros a lo mejor se te van. Pero a la gente hay que darle cuartelillo y pensar que se han equivocado.

-¿Con los años, uno se vuelve indulgente y llega “a perdonar”  todo lo malo que ha ido viendo en el camino?

-He tenido mucha suerte en la vida, yo me he equivocado con muy poca gente, y trastadas me han hecho pocas. He confiado mucho en la gente. A mí me han defraudado muy poco.

Ángel López Rubio hace ahora memoria de los que se fueron :

-Incidiendo en el tema arbitral, la de compañeros que se han ido que ya no están aquí y tú has compartido con ellos viajes, vivencias, momentos maravillosos. Hay un par de ellos que los asocio mucho a ti como son el Mangüi  y Calero. Erais los tres que en aquella época más sobresalíais. Por un lado, estaban los más jóvenes y por otro estabais vosotros. Imagino que dolerá cuando te acuerdas de ellos. P

 -Si hombre, claro. Mangüi precisamente, los dos últimos años de su vida ya no podía valerse por sí solo y yo iba todas las semanas a recogerlo para ir a Casa Aranda. Lo llevaba en el carrito y nos tomábamos el café, después íbamos a un parque que él sabía que su hermano Manolo estaba allí, y así estuvimos dos años hasta que se murió el pobre. Era esplendido, calidad humana como él solo.

-Y cerramos este buen rato, no sin antes preguntar a Manolo :

Una persona que ha vivido Málaga tan intensamente, en profundidad, que la conoce hasta sus últimos recodos, ¿Cómo ves la ciudad de ahora, en comparación con aquella nuestra de hace décadas?

-Málaga, donde vayas hay que llevarla por bandera, punto número uno. Punto número dos, yo creo que el broche final lo va a dar, creo, cuando esté terminada la Alameda principal. Eso va a ser un brochazo, va quedar muy guapa y va a ser muy interesante.

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