A principios de los 80 le tocó arbitrar a Antonio Martin Navarrete un partido importante de la última jornada de Liga , ya que si el equipo local vencía y su rival directo para el título ( el Athletic de Bilbao que entrenaba Clemente ) perdía en su desplazamiento a Valencia , los blancos se proclamarían campeones.

El partido era Real Madrid-Osasuna y era la época en la que el árbitro elegía a los entonces llamados jueces de línea. En este caso Antonio nos escogió a López Nieto y a mí.

El mismo día del partido, por la mañana pitaba también en Madrid ( creo que al Rayo ) Eduardo Villena y fuimos a verlo. Y entre que hubo que esperar a que terminara el partido de Vallecas y que habíamos quedado con el malogrado Mazorra Freire para comer ( en un restaurante cercano al Bernabeu del que recuerdo solo que la cubertería era de plata ) pues llegamos al campo con el tiempo justo.

Fue la primera y única vez en mi vida que vi a un entonces muy joven José Ramón de la Morena, quien justo antes de entrar al estadio ( recuerdo que tenía una pierna escayolada ) le metió casi en la boca el micrófono a Antonio preguntándole en mal tono que a que se debía que llegáramos tan tarde ( cuando en realidad aún quedaba más de una hora para el comienzo del encuentro ) , pero Antonio no perdió la calma y o no contestó o le dijo que era una hora correcta de llegar. Me cayó tan mal que desde entonces no escucho nunca a este periodista.

Como era la última jornada y con partidos decisivos , los mismos tenían que comenzar a la misma hora y en punto ( las 5 ) . Bueno, pues para colmo, al poco de estar en el vestuario entró la Policía Nacional para decir que había un aviso de bomba y tenían que revisar a fondo nuestro vestuario.

Entró a firmar el acta el entonces entrenador del Real Madrid , Alfredo di Stefano ( q.e.p.d.) quien me dedicó unas palabras cariñosas, porque yo entonces además de que era muy joven tenía cara de niño y sin más salimos a un aborratado Chamartín.

El partido salió muy bien, ganó el Madrid 2-1 pero la Liga se la llevó el Bilbao que ganó en Valencia.

Ese domingo por la noche volvimos en avión a nuestra Málaga. Yo no le había dicho nada a Antonio pero a una chica con la que estaba manteniendo un breve romance ( amiga del antiguo extremo izquierdo del Málaga, Santi ) le pedí que fuera a recogernos al aeropuerto y que trajera a una amiga para salir con Antonio Jesús, entonces sin pareja ,  ( siempre decía que su única novia era el arbitraje ) , ya que el hoy Director de la Oficina del alcalde de Diputación y yo éramos muy solidarios en temas de ligoteo y nos presentábamos mutuamente a muchos bellezones. Pero la amiga que trajo mi ligue era espectacular y causaba tanta impresión ( era una rubia que iba vestida entera de cuero negro ) que Antonio Jesús se puso un poco nervioso con ¨lo que le había tocado “. Hasta tal punto que lo 5 nos fuimos a cenar al único sitio que a esa ya altas horas ( serían las 1 de la madrigada ) estaba abierto ( el 24 horas de Benalmádena Costa ) y con los nervios Antonio Jesús se zampó un pedazo de solomillo sin masticar. Martin Navarrete y yo rápidamente nos dimos cuenta que la cara de Antonio Jesús empezaba a cambiar de color y tornaba a ponerse verde o morada y nos asustamos y debimos decirlo en voz alta porque de otra mesa más atrás vino disparado un señor ( que luego resultó ser médico ) y dándole una abrazo por detrás al Nieto y un toque oportuno en lo alto de la espalda hizo que saliera despedido por la boca el dichoso trozo de carne.

Ese hombre le salvó la vida y cuando luego la carrera de Antonio le llevó hasta un mundial siempre me acordé de aquél héroe anónimo sin el cual probablemente España se hubiera privado de uno de los mejores árbitros de su historia.

Ángel López Rubio